El ruido y las Furias

 

Condenado al fuego eterno...

Condenado al fuego eterno… Wikimedia Commons/Museo del Prado. Ixión por José de Ribera, el Españoleto

Me abro paso por entre los lamentos que parecen salir de un cuadro de Ribera. Los condenados por los dioses nunca asumen su culpa porque la desigualdad con el adversario es demasiada y eso inclina injustamente la balanza, como hará el Diablo el día del peso de las almas.

Pienso en Tántalo, que no puede saciar su sed ni su hambre porque así es el destino, y así el infierno está en la búsqueda y quien es reo de ella apenas puede hacer sino cumplirla. Sufre tortura por querer dar a su hijo como alimento a los dioses: el sacrificio queda en su prueba y parece justo.

Pero hay desafíos que asumir, siempre, aun bajo la vigilancia de un Zeus colérico o al encuentro de la compasión de quien los mira. Contemplar el sufrimiento incluso de quienes fueron injustos supone hacerlo propio y así, no solo ahuyentar el ansia o la curiosidad, sino también la insatisfacción por nuestra pequeñez.

E imagino al exigente Rulfo, a Bacon ordenando el mundo, el pecado del fracaso, que es tan nuevo, el nombre escrito en el agua.

Con tanto ruido, es difícil entender el anuncio. Y no basta la terribilitá de la representación, el grito incombustible de quien, como Ixión, arde eternamente; ni siquiera cumplen el presentimiento o el temor. No creo que sea por no escuchar a los dioses, sino por no escucharnos a nosotros mismos.

 Y en El Prado, entre los lienzos, me dedico a contar perplejos…

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