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Ultimísimas noticias

Persiana consciente

El 76% de la población mira con recelo al 24% restante.

Dos de cada tres cabellos se sienten inseguros.

Cada cierto tiempo, una madre mira con rencor al hijo que le impidió estudiar.

Un total de cien mil policías no se refleja en el espejo.

Hay en el mundo más de dos millones de especies en extinción. Pero extinción no es un territorio.

Cuando cambie la hora estaré enfermo.

La variedad alimenticia de los europeos es inferior a la de los bosquimanos.

El equipo de fútbol australiano que más veces ha ganado la copa del mundo no es australiano.

Este año no es bueno.

Dos mil quinientas hectáreas de bosque tropical se pierden en periodos de tiempo indeterminados.

Más de doscientos países se han reunido para alabar las fronteras.

El 89% de los encuestados no sabe a nada.

La nueva misión de la NASA experimentará con mi paciencia.

La confianza de los empresarios alemanes aumenta al mismo ritmo que la profundidad de sus arrugas.

En los últimos cinco años, se ha multiplicado por dos el número de desastres naturales en mi casa.

La reforma de la Constitución supondrá un coste de más de dos millones de calvicies prematuras.

La realidad política española, según el 65% de los entrevistados, ni es real ni es española.

Las personas con dentadura postiza viven más, según un estudio improbable.

Seis de cada diez días dejan un poso de amargura.

Una espera


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Espera siempre el alma una sucesión ordenada de los hechos que la parten y la fortalecen. Espera el verbo la procesión de las ideas silenciosas, la adoración sagrada de esa pequeña habilidad humana de nombrar las cosas sin atrapar su esencia.

El ojo aguarda la sorpresa, agazapado en su mirar lo de dentro, lo desalmado que no admite idea o verbo.
En esas cosas atrapadas, el vuelo del alma, el aliento del verbo y la negación de la mirada, se esconde porque no se vislumbra la evidencia de aquello que nunca sabremos: no hay palabra, ni voz, ni imagen, que puedan explicarlo. Mudo, envolvente y ciego.

Indecisión de la tormenta

Justo antes de que el viento frío agote la espera se suele sentir un pequeño golpe de calor, como una respiración de lo divino sobre las aguas. La tormenta es una indecisión del rumbo y una discusión de los destinos: en el agua brava rebotan ecos de los marineros sepultados y el susurro de los peces al rozarse se transforma en los reflejos dispersos de la calma chicha, corta y en suspense. Silencio y ardor, fuego y sal, carne viva de la piel del agua: nada que el óleo no pueda bañar.

No se tiene la paciencia de contemplar, como en las tardes de pradera y verano, la nube que anuncia el estruendo. Tan solo se busca en las tripas el resplandor del relámpago por si esa luz enseñara algo del futuro. Pero se huele el agua, a veces, justo antes del lloro o de la risa y se arropa con el aroma el recuerdo.

No hay peor ruido que el grito de madre. Ni canción más triste que la que entonan los niños asustados. Demasiados colores en el cielo no suponen arco iris si el tiempo, insistente, los enfría.  Miré los muros, y eran olas, y el techo enjambre de nubes. Y al pintarlo, yo mismo sentí la indecisa sospecha de lo presentido.