El juego serio, de Hjalmar Söderberg

Miguel Ángel Serrano. Urbañal 3

Miguel Ángel Serrano. Urbañal 3

Hjalmar Söderberg, como otros autores escandinavos, no ha tenido probablemente la difusión que se merecía fuera de su país, que le tiene por uno de sus grandes escritores. En el caso de El juego serio, nos encontramos con un drama de armazón clásico que nos transporta al mundo de la pequeña burguesía de Estocolmo. Si bien se señala como motor de la narración la imposibilidad de elegir, precisamente por las circunstancias, y se deja anotada la inevitable soledad del espíritu (como ya señaló José María Guelbenzu en su crítica en elpaís.com) la degradación de lo elevado es probablemente lo más interesante de la novela.

Söderberg buscaba que sus obras estuvieran atadas a su tiempo, y por tanto las noticias del mundo se imbrican en la trama, más porque el protagonista de la novela es periodista. En ese sentido, el fresco que dibuja de la sociedad sueca a principios del siglo pasado es un marco solo tamizado, como veladura de óleo, por las rígidas normas sociales que atan y se autoimponen los protagonistas y que vienen a establecer, en realidad, un techo para la elevación. Si bien Arvid Stjärnblom, el protagonista, trabaja como reseñista cultural y finalmente escritor, todo lo referido a las artes está mediado por su valor económico: el dinero, como en La educación sentimental de Flaubert es límite e impulso. En términos sociológicos, casi podría considerarse el campo. Eso hace que el amor se vea también como una transacción: las escenas del principio, de amoríos veraniegos y casi exentos de precio, se ven en seguida cercenadas por la busca de Arvid de su sustento y el cálculo sobre los posibles matrimonios. Al fin y al cabo, es un muchacho de posición económica endeble.

A partir de ahí, nada de lo que ofrecen las relaciones humanas puede ser considerado sacro, incluida, por supuesto, la cultura. Söderberg es un finísimo analista de los sentimientos: la degradación moral de los personajes es interior, no se muestra en sociedad, pero no hay uno (el primero de todos, Arvid) que no caiga en ella.

Y así, ese baile alrededor del destino, ese juego de consecuencias más que serias, se convierte en el escenario de la infelicidad: al fin y al cabo, todo era teatro como muy sutilmente deja ver la narración hacia el final. El telón no cae para cerrar la obra, sino para enseñar la tramoya.

En suma, un grande y una gran novela.

Hjalmar Söderberg, El juego serio. Barcelona, Ediciones Alfabia, 2013, 316 páginas.

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